Algunas películas tienen ese aire de “obra maestra” que parece diseñado para gustar a todo el mundo. Historias con tramas originales, giros inesperados y actuaciones dignas de aplausos. Añade a esto una dirección ambiciosa y una música poderosa, y es fácil entender por qué muchos críticos y espectadores no dudan en elevarlas a los altares del cine. «Cónclave», dirigida por Edward Berger, es una de estas películas. Fascinante en su propuesta y formidable en su ejecución, pero quizás no tan universal como parece.
Aunque es una cinta muy buena, cabe advertir: no es para todos los públicos. Si bien tiene un encanto singular, su ritmo pausado y su enfoque introspectivo pueden alejar a los que busquen emociones más fuertes.
Inspirada en la novela de Robert Harris, «Cónclave» nos introduce en el enigmático proceso de elección del próximo Papa tras la repentina muerte del pontífice.
A través de los ojos del cardenal Thomas Lawrence (un brillante Ralph Fiennes), asistimos al enfrentamiento ideológico, político y moral entre los principales candidatos al papado. Sin embargo, lo que comienza como un ritual solemne se transforma en un escenario cargado de secretos, intrigas y revelaciones sorprendentes.
Uno de los grandes aciertos de «Cónclave» es su atmósfera absorbente. La banda sonora, compuesta por Max Richter, intensifica inteligentemente cada escena con una tensión que parece prometer un estallido inminente. Sin embargo, esta intensidad musical, aunque efectiva, puede llevar a expectativas erróneas sobre el tipo de película que estamos viendo.
La fotografía, a cargo de James Friend, captura con maestría los imponentes interiores del Vaticano y los rostros marcados de los cardenales, sumergiéndonos en la solemnidad del cónclave. Cada escena, tiene su significado oculto, su belleza está clara, el director lo sabe y por eso se esfuerza lo máximo posible en alargarla lo suficiente para que podamos apreciar cada detalle del plano,
En cuanto al elenco, Ralph Fiennes sobresale con una interpretación poderosa. De las mejores interpretaciones del actor en los últimos años, en lo que promete ser una segunda juventud dado a los próximos proyectos que se le vienen por delante.
El principal problema de «Cónclave» no reside en su calidad, sino en cómo se presenta. Muchas críticas y opiniones en redes sociales la venden como un thriller cargado de misterio, donde la muerte del Papa es el detonante de una investigación trepidante cargada de conspiraciones y misterio. Pero no es así.
Aunque hay pinceladas de suspense, la película es, en esencia, un drama político y religioso. Su ritmo es deliberadamente lento, y gran parte de su interés radica en el funcionamiento del cónclave y las tensiones ideológicas dentro de la iglesia. Las subtramas de corrupción y secretos, aunque satisfactorias, no son revolucionarias.
Esto no es algo negativo en sí mismo, pero quienes esperen una película de misterio explosiva pueden sentirse decepcionados. «Cónclave» se cuece a fuego lento, recompensando a los pacientes con un desenlace bien ejecutado, aunque predecible en algunos aspectos.
A pesar de estas advertencias, «Cónclave» es una película excepcionalmente interesante. La puesta en escena es magnífica, el guion equilibra bien las tensiones internas y externas, y el final, aunque previsible, contiene alguna sorpresa bastante potente y con un significado bastante polémico que ha dado ya mucho que hablar.
Si disfrutas de películas que se cuecen a fuego lento, con un enfoque más reflexivo que explosivo, «Cónclave» es para ti. Es una obra que se toma su tiempo para desentrañar sus conflictos, con una puesta en escena impresionante y actuaciones memorables. Sin embargo, si buscas adrenalina o un thriller convencional, es probable que te sientas fuera de lugar.
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