La quinta temporada de Stranger Things ya es historia. Y como ocurre con la mayoría de finales de series largas y queridas, la reacción ha sido inmediata: división, debate y enfado. Para algunos, el final ha sido demasiado complaciente; para otros, justo lo que necesitaban los personajes después de tanto sufrimiento.
La realidad probablemente esté en un punto intermedio. No es un final perfecto, pero sí uno satisfactorio, que cierra la mayoría de tramas importantes y entiende lo que la serie ha sido durante todos estos años.
Stranger Things no ha escapado a una maldición bien conocida: cuando una serie termina, casi nunca lo hace como esperamos.
Si el final sorprende, nos enfadamos. Si el final es previsible, nos aburrimos. Y si intenta contentar a la mayoría, lo llamamos complaciente.
La temporada 5 cae parcialmente en este último caso. El desenlace apuesta más por cerrar heridas que por arriesgar narrativamente, algo que puede decepcionar a parte del público, pero que también encaja con el espíritu emocional de la serie.
Aunque el cierre funcione a nivel emocional, es imposible ignorar algunos problemas de guion que la temporada arrastra:
Son solo algunos detalles que no destruyen la temporada, pero sí la debilitan cuando se analiza con lupa.
La quinta temporada es, sin duda, la más oscura y grandilocuente de toda la serie. Está muy lejos de aquella primera temporada más contenida, misteriosa y casi íntima.
Sin embargo, este cambio era inevitable. Después de todo lo ocurrido, Stranger Things ya no podía permitirse un regreso a la sencillez. La escala épica, el tono más adulto y la oscuridad narrativa eran una consecuencia lógica de la historia.
Puede gustar más o menos, pero era el camino natural.
Si hay algo que sostiene la temporada 5 incluso cuando el guion flaquea, es el reparto.
Los actores que comenzaron siendo niños vuelven a demostrar por qué la serie funcionó desde el principio: química, naturalidad y una evolución creíble de sus personajes.
Pero si hay un nombre que destaca por encima del resto es el del actor que interpreta a Vecna / Henry, Jamie Campbell Bower. Su trabajo es, sin duda, uno de los grandes aciertos de la temporada.
Un personaje complejo, oscuro, lleno de matices y contradicciones, que exige tanto presencia física como carga emocional. El actor logra transmitir amenaza, dolor y humanidad en un equilibrio muy difícil de conseguir. Para muchos —y aquí me incluyo— es lo mejor de esta quinta temporada.
Sí, el final de Stranger Things es complaciente. Pero no por ello es malo.
Es un cierre que prioriza a los personajes, que intenta no traicionar lo construido durante años y que entiende que esta serie fue, ante todo, una historia sobre crecer, perder y seguir adelante.
Quizá no es el final que todos imaginamos, pero sí uno que tiene sentido.
Y eso, en los tiempos que corren, no es poco.
Esta temporada final gustará sobre todo a: