El Rincón del Espectador
Los libros de Stephen King siempre han atraído al gran público; sus historias están marcadas por la naturaleza más cruda del ser humano, elementos fantásticos que ponen en jaque a sus personajes y decisiones argumentales cuestionables. Sí, seguimos angustiados por lo que pasó en las alcantarillas de Derry en 1958 en la novela de IT.
Angustia es exactamente lo que no debía sentir el director de esta película Francis Lawrence. Un director de despacho al que le gustan las historias distópicas; ya que ha adaptado Soy Leyenda, Constantine, la saga completa de Los Juegos del Hambre y ahora esta novela.
Es precisamente con esta última saga de películas con lo que más podemos asemejar La Larga Marcha. La historia trata sobre un grupo de jóvenes que se apunta a un rocambolesco concurso de caminar, donde si disminuyes la velocidad eres automáticamente fusilado y en el que el ganador es el último superviviente.
La trama, al igual que la dirección, es sencilla y efectiva a partes iguales. La película se apoya sobre dos pilares fundamentales: las sobresalientes actuaciones y una banda sonora de Jeremiah Fraites que te hace sumergirte en la fatigosa caminata. Tanto los papeles principales con la dupla de Cooper Hoffman y David Jonsson, como los secundarios Tut Nyuot o Judy Greer, nos hacen creer en el sufrimiento y encariñarnos con la camaradería que surge de un hecho tan dramático.
El contexto de la historia no está bien establecido, se queda a medio camino entre contar muy poco y dar demasiadas explicaciones. La crudeza del reto que se plantea, hace que estemos expectantes sin saber qué va a pasar a continuación; además, la posible imprevisibilidad de algunos personajes termina por saber a poco al final. Es curioso, pero a esta película le falta más maldad dentro del grupo de concursantes y alguna escena más dramática al final.
El antagonista principal, aquí representado por un histriónico Mark Hamill, es una caricatura plana y hueca. Una representación de un sistema militarizado y deshumanizado, que al final queda desaprovechado, al igual que el personaje de Charlie Plummer.
La película cuenta con un visionado especialmente potente, donde el hecho de querer saber quién ganará o quién será el siguiente en perecer, hace que no podamos apartar la mirada; y durante el proceso nos quedemos con los buenos actos de amistad.
Quizás es cierto lo que dicen sobre que los finales de Stephen King flojean, en esta adaptación al menos es cierto; pero oye, el trayecto se hace genuinamente bello e interesante, es por ello que merece mucho la pena. Podemos decir que La Larga Marcha abraza el meme y verdaderamente trata sobre los amigos que hacemos en el camino.
Si te gustan las historias distópicas con una fuerza superior que oprime a los pobres y aquello de que la fuerza del más pequeño puede al más grande.