Hace exactamente seis meses que se estrenó 28 Años Después, el esperado regreso de la dupla Danny Boyle y Alex Garland al género de terror. Su 28 Días Después (2002), una road movie que reescribió el cine de zombies/infectados caló profundamente en los espectadores que no habían visto nada similar hasta tal punto que se consagró como cine de culto universal.
El pasado agosto pudimos ver la secuela directa que llegó 20 años después, dando el pistoletazo de salida a la que es una carrera de fondo final a este universo. Su recepción fue tan extrema y polarizante como las ideas que planteaba. El Templo de Huesos no es para menos, posiblemente si no te gustó la anterior entrega, quizás no conectes con esta; pero os aseguramos que este capítulo merece totalmente la pena.
El Templo de Huesos es una continuación directa del final que vimos en 28 Años Después, con nuestro protagonista Spike siendo ayudado por unos «drugos» extravagantemente hiperviolentos y viéndose obligado a entrar dentro de su mundo de tortura y muerte. Por otro lado, seguimos los pasos del doctor Ian Kelson en su camino por entender el funcionamiento de la infección, junto a un alpha llamado Sansón.
La dirección corre de la genuina Nia DaCosta, que consigue hacer que esta película sea una secuela y se sienta completamente diferente en todo momento. La directora toma un relevo con mucho peso y conduce con maestría una historia, que cualquiera echaría por alto. Nos alejamos de la espectacularidad y lo extravagante de la anterior entrega, para contar una historia más íntima, donde la cámara consigue hacernos cómplices de las atrocidades de este grupo.
Decimos que El Templo de Huesos es un paréntesis, porque es un relato más corto y totalmente alejado del drama familiar que vimos en 28 Años. Se distancia de la construcción del universo que vimos, para adentrarnos en esta crueldad tan aterradora que es la deshumanización del hombre.
En El Templo de Huesos seremos testigos de que los mayores horrores no vienen devenidos por la infección, sino por la crueldad más humana.
Este variopinto grupo de criminales atléticos que aparecían en el final de 28 Años Después, se plantea como un grupo sectario que sigue religiosamente las órdenes de su líder Jimmy Crystal. Un líder satánico, que su única forma de entender la sociedad en la que ha crecido, ha sido a través de la violencia y el sadismo. Una filosofía religiosa que pretende extender como la pólvora con su dogma absurdo y visceral. Un papel de villano que el actor Jack O’Connell ha nacido para interpretar.
Si la película destaca de sobremanera es además por el personaje de Ian Kelson, protagonizado por un virtuoso Ralph Fiennes en uno de sus mejores papeles de toda su carrera.
La comprensión de cómo el doctor entiende el fin de la sociedad, el respeto hacia la vida y el ciclo vital de todas las cosas, hacen que disfrutemos de cada minuto que aparece en pantalla. Sin ninguna duda, es el personaje más complejo y mejor construido por Garland en toda su saga de infectados, regalándonos los mejores momentos de todo el largometraje, sin obviar «esa escena final totalmente impredecible».
En esta subtrama que acontece al doctor, es donde vamos a ver la evolución «macro» de la cinta; es en la relación de Kelson con un alpha llamado Sanson, donde podemos atisbar lo que vendrá en en entregas futuras y donde se deja caer todos los elementos de ciencia ficción.
En resumen y sin adentrarnos en más spoilers, El Templo de Huesos es la secuela que no sabíamos que necesitábamos, brutalmente visceral en su primera hora y completamente impredecible. Un relato crudo sobre lo que significa ser humano, la religión y la crueldad. A nosotros nos ha parecido un regalo inesperado, una secuela original alejada de cualquier continuación al uso y de la que tomar ejemplo en cuerpo y alma.
Si disfrutaste de la anterior entrega, esta te sorprenderá sin duda. O si buscas una experiencia fuerte donde la religión, las sectas y la crueldad están presentes.