El Rincón del Espectador
La 35ª edición de Fancine ha decidido concluir este año con la película surcoreana No other choice, una cinta que sigue la estela de la aclamada Parásitos, que triunfó mundialmente y fue el descubrimiento para muchos espectadores del cine coreano. Pero donde la película de Bong Joon-ho acertaba, el largometraje del afamado director Park Chan-wook languidece.
No other choice vuelve a presentar a la ultracompetitiva sociedad coreana, donde cada persona tiene un papel asignado y las clases sociales parecen ser inamovibles. Man-su es despedido de la fábrica de papel en la que trabajaba, causando la deshonra para su familia, obligada a pasar estrecheces económicas. Dispuesto a encontrar otro empleo, idea un plan para volver a ser contratado en una empresa papelera, pero antes deberá asegurarse de que no tiene competencia.
Con un metraje excesivamente largo y con un ritmo demasiado pausado, especialmente al comienzo, la película no llega a aburrir al espectador, pero tampoco lo hace conmoverse con la historia social que presencia.
Es destacable la correcta actuación de todos los actores, incluidos todos los secundarios, que dan veracidad a la historia, así como la fotografía de la cinta. Al igual que Parásitos, cuida mucho los detalles de los ambientes de la gente adinerada.
Pero la mezcla de géneros que plantea Park no llega a cuajar, y el espectador desconoce si se encuentra en una película social con tintes de comedia negra o lo contrario. Los toques de humor logran aligerar la carga dramática del filme, pero también hacen que la historia llegue a perder seriedad, llegando a rayar en muchas ocasiones lo absurdo.
El papel también ocupa un lugar primordial en la cinta, pues la mayoría de personajes ha trabajado en fábricas papeleras, y lo llevan a gala para exasperación de otros, lo que retrotrae por momentos a los alocados e hilarantes personajes de Dunder Mifflin en The Office y, en concreto, a Michael Scott, para quien el papel era también prácticamente su vida.
Con No other choice, el director pretende usar la cinta para realizar una denuncia social de un mundo hipertecnológico y desconsiderado que deja a los seres humanos atrás en aras de la productividad excesiva, como bien demuestra el final de la película, que viene a sentenciar aquello de: “Mientras me coloque yo, me dan igual los demás”.
En todo el filme, el protagonista se repite que ‘no tiene otra elección’, como si fuera el único camino para recobrar su empleo. El espectador sí que la tiene si decide ver esta película.
Si te gusta el cine coreano, puede que no salgas decepcionado. Si lo que buscas es una comedia negra de autor, con una carga de crítica social sobre la cultura oriental moderna. Juzguen ustedes mismos.