El Rincón del Espectador
Hay géneros que parecen inagotables porque no dejan de producir las mismas películas década tras década. Si este año ya tenemos otra película de Frankenstein, ¿por qué no otra de Drácula? El vampiro de Transilvania creado por Bram Stoker es una máquina imparable de generar historias, ya sean con algunas variantes o la misma reactualizada hasta la saciedad.
Es lo que pensaría el director francés Luc Besson cuando decidió volver a readaptar la historia del vampiro más famoso de todos los tiempos, pero situada esta vez en el París de la Exposición Universal de 1889 y con el amor como tema principal. Porque esta película se podría titular ‘Drácula enamorado’.
Por si alguien no la conocía: Vlad II, príncipe de Valaquia del siglo XV, pierde a su amada esposa de forma trágica y reniega de Dios, por lo que es condenado a la inmortalidad y transformado en vampiro. Siglos más tarde, encuentra a una mujer quien cree que es la reencarnación de su esposa y viaja hasta París para recuperarla.
Con una factura visual impecable y un vestuario realmente sobresaliente, Luc Besson firma esta muy correcta película, que aporta poco al género después de la de Francis Ford Coppola, pero que no decepciona. Destacan las actuaciones de Zoë Bleu, como la amada de Drácula, y el siempre magnífico Christoph Waltz, como sacerdote llamado a exterminar al vampiro. El protagonista, Caleb Landry Jones, no logra transmitir el desasosiego y temor que infunde el personaje, que es más un sufridor enamorado que una bestia sedienta de sangre.
La historia, que ha sido la encargada de inaugurar el 35º Fancine, el Festival de Cine Fantástico de la Universidad de Málaga, prescinde de los elementos más atemorizantes de la versión original para centrarse en el amor y cómo la imposibilidad de poseerlo marca a los personajes.
El final es trepidante, lleno de acción y violencia, que recuerda a otras adaptaciones de la historia, como Van Helsing, protagonizada por Hugh Jackman.
Los amantes del género, que prefieran a los vampiros clásicos y no a los afeminados adolescentes de Crepúsculo, disfrutarán de esta historia. Hasta que haya otra película de Drácula. ¿Por qué no?